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COLUMNAS
MONTEVIDEO Y SU DESVALORIZACIÓN Por Ramón Ciuca Díaz. |
Retrotrayéndonos en el tiempo, no mucho por cierto, a Uruguay se le denominaba “La Suiza de América” no solo por la bonanza económica que reinaba, sino también por otros factores que hacen a la vida social de una nación. A Montevideo por su parte, se le decía “La tacita del Plata” debido a la limpieza que yacía por sus calles, más allá claro está, de algún caso excepcional de ciertos vecinos desacatados, que ensuciaban el hábitat. Evidentemente que todo cambia para bien y para mal.
Esa desvalorización en que nos encontramos, hace que el ser humano vaya en contra de su semejante en constante agresión, la que a su vez se torna contra él, contra todos. Se realizan conferencias, se firman tratados en pos del medio ambiente, pero de poco sirven dado que no nos gusta que se nos imponga nada, aunque sea para nuestro bien. Me refiero pura y exclusivamente a los uruguayos. La desvalorización de una sociedad se percibe de muchas formas, siendo una de ellas el menosprecio por el semejante, a quien se lo ve inferior y se le destrata de forma continua, en este caso especifico sometiéndolo a convivir con los desechos de toda clase.
Vale decir entonces que Montevideo en un alto índice, se ha convertido literalmente en un basural, en donde pulula de todo lo que uno se pueda imaginar. Pese a que se han instrumentado normas y decretos a nivel de las autoridades competentes, no se hace caso de estos, y se continúa lesionando el conjunto formado por el medio ambiente. El punto enfocado es Montevideo. Sin embargo, la situación se da en algunas ciudades del interior, en menor medida claro, ya que ahí aún se preserva el respeto, y esperemos nunca se pierda.
Expresé que existen decretos y normativas para frenar ese destrato al semejante y al medio ambiente. En un lenguaje contextual con decretos, digo que visto el abigarrado número de conciudadanos que ha optado por convertir los espacios verdes, avenidas, calles, ramblas, y playas en depósitos de excrementos de perro -sus perros- que todos los montevideanos sin excepción -dueños de mascotas o no- trasladan a sus domicilios excremento de perro en la suelas de sus zapatos; que este problema es hoy de higiene, pero mañana lo será de índole sanitaria; que las entidades competentes, quizá desconcertadas tienen frente al problema una actitud pasiva y condescendiente, sospechosa de electoralismo político, debido claro está a los comicios de mayo próximo; visto que este problema se entronca con la presencia de interminables senderos de bosta equina regada sobre arterias urbanas de gran circulación y antigua belleza, me permito realizar algunas sugerencias derivadas de la observación personal, y que cualquiera puede realizar desde luego.
En las ciudades escocesas por ejemplo, el propietario de una mascota que ensucie un lugar público es acreedor de una multa de 200 libras esterlinas (más de U$S 340) si el referido infractor no se hace cargo de inmediato de la deposición de su perro. En cambio, en las ciudades irlandesas, hasta el advenimiento del euro, era posible ver letreros con multa de 50 libras irlandesas si el propietario paga la multa en el lugar del hecho y ¡1500! si tiene que pagar en la Corte. Es obvio que las conductas incívicas sólo se combatirán con sanciones dolorosas y con políticas de tolerancia cero hacia la materia fecal canina. Resulta evidente y lamentable que la educación y la convivencia, deban ser impartidas a base de multas y sanciones, y que no seamos capaces por nosotros mismos, de darnos cuenta de que lo que hacemos no está en absoluto bien hecho.
Claro, también se podrían importar artefactos robóticos como los que hay en la calles de París, que además de recoger los excrementos, simultáneamente limpian el lugar. Pero claro, a muchas personas (incluyéndome) no estarían de acuerdo en que para solventar esos aparatos, nos metan la mano en el bolsillo una vez más. Ya lo hacen demasiado, y no vemos resultados elocuentes.
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Luego, ¿qué hacemos?, ¿esperamos que los excrementos nos lleguen a las orejas?
Muchachos de la política: ¿para qué se afanan tanto en viajar si al fin nunca se enteran de cómo se solucionan las cosas en los países que se pretende emular?
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