¿Magicparaqué?
Magic es el título del nuevo disco en estudio de Bruce Springsteen y la E Street Band. Hacía cinco años que la banda no grababa un disco en el estudio con Bruce
Pero hablar de Bruce Springsteen es hablar de un norteamericano muy notorio, un icono cultural de la clase obrera (como pronunciar en Uruguay el nombre de Daniel Viglietti). Y Bruce también es el Britney Spears del rock and roll, el hombre de la "imagen".
Muchas almas esperan sus discos, y los adquieren con fanática irreflexión cada vez que salen a la venta. Su público es clásico o previsible: no puede esperarse demasiado vanguardismo de ellos, como del gran rocker de Norteamérica o de cualquier cantautor del Uruguay. Él sigue firme en su manera clásica de componer: oírle a él es oír singles de los 50. Pero Little Richard o Elvis Presley eran magníficos, Bruce Springsteen es un conservador, un hacedor de réplicas.
Su álbum Magic no nos puede ya conmover. No hay nada interesante en ese CD salvo la brutal "Radio Nowhere" que abre el disco, y que exhibe perfectas reminiscencias del rock and roll acelerado y violento de Pearl Jam, sostenido en un riff de guitarra arrollador.
El resto del disco no muestra mayores logros primorosos: su música está muy por debajo de la que esculpen los bluesman más destacados (Rubben Ford, "Truth", por ejemplo) o de la que hallamos en los recientes álbumes de Patti Smith o Paul McCartney. Su Magic es un esbozo pobre de rock en relación al brillante Living With War de Neil Young.
De Magic sólo gustará el público apático o popular, el hombre rudo y trabajador. Como Pearl Jam, Bruce Springsteen graba discos para una masa indolente. Lo único interesante de este trabajo será verlo tocar en vivo, porque entonces nadie se interrogará acerca de lo lineales que son sus canciones, al estar el público rodeado de una multitud mimetizada por la aparición del Boss en los escenarios. Como cuando aplaudimos a Fidel Castro en un acto público y nos sensibilizamos con quien tenemos al lado, sin reflexionar sobre las necias palabras y la concertación verbal de las oraciones que oímos: de igual manera se lo disfrutará a Bruce en los conciertos.
Y se lo aplaudirá como en otros ámbitos vitoreamos una coreografía de los antiguos Backstreet Boys o una ejemplar cabriola erótica de Justino Timberlake en el escenario. Bruce Springsteen sustituye la meditación sonora, el arreglo de notas complejas, por un carisma en los espacios de descontrol y por el dominio de su guitarra. También por el contenidos sociales o políticos de sus interpretaciones.
Este es el caso de Magic. En canciones como "Gypsy Biker" y "The Devil's Arcade" se habla de los soldados muertos en Irak y del sufrimiento de sus familiares y amigos. En "Last to Die" intercala la siguiente línea: "¿Quién será el último en morir por un error?".
Extrae provecho de su popularidad y rellana el espacio visual con movimientos ágiles y corridas agotadoras que todo el mundo aplaude y de las cuales se sugestiona.
Magic, no obstante ser un álbum malo, es el disco que su público espera y que aplaudirá sin mayores objeciones. Veamos sino lo que se dice por ahí, frases que ilustran el disparate (en especial la última):
"Magic es un CD de rock muy enérgico, increíblemente bien tocado por Bruce y la banda, y como siempre, con mucho que decir. Es tremendamente entretenido." (Jon Landau)
"Que es el jefe a estas alturas de la película ya nadie lo niega. The Boss es sin duda el rockero más grande que ha dado la industria del Rock." (
http://www.ideal.es/granada/20071002/cultura/bruce-springsteen-vuelve-sonido-20071002.html)
"Girls in Their Summer Clothes" es una balada aburrida y optimista. "Your Own Worst Enemy" es mejor que la anterior, pero muy cursi. "Magic" es acústica, apagada, intimista. "Devil's Arcade" no puedo haberla compuesto en más de 10 o 15 minutos: una balada indolente. "Last to Die" despabila los ánimos, y es algo buena. "Long Walk Home" es muy tradicional, un rock americano muy comercial; el saxo da a la canción su toque de queda, cuando lo oímos sonar en el minuto y medio de la pieza (qué música más predecible).
Magic, Magic, ¿para qué?
Los teclados rítmicos son de Roy Bitten y Danny Federici, el saxo de Clarence Clemons y las guitarras de Steven Van Zandt y Nils Lofgren. Su mujer, Patti Scialfa, pone su voz.