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Karin Dreijer y la insuficiencia
Fever Ray es el nombre del proyecto solista de Karin Dreijer, hermana de Olof Dreijer y junto con el cual forman The Knife. Karin Dreijer, cantante sueca y también, aunque con menos suerte, compositora, comienza a trabajar en 2006 de manera paralela a The Knife en algunos demos de sí misma junto con la colaboración de Christoffer Berg, quien había trabajado ya en las mezclas del dúo. Las primeras señales públicas de Fever Ray, el álbum, aparecieron en 2008 con la publicación de “"If I Had a Heart”, la que luego sería la primera canción del álbum, el cual aparecería en enero de 2009.

El disco cuenta con la participación de Cecilia Nordlund, entre lo más destacado. De hecho, será cuando ambas voces se entremezclen y confundan (tratándose dos grandes cantantes) que Fever Ray llegará al fondo de su idea melódica.
Lo que vemos en este álbum, es que el trabajo final es insuficiente y no colma el total de la excelencia. Buen trabajo, bueno arreglos, interesantes ideas, pero falta la capacidad compositiva. En definitiva, es un disco con buenas intenciones, pero carente de sabor.
El talento de Karin Dreijer puede vérselo en sus juegos vocales, en su voz extremista. Recordemos sino la interpretación brillante de “This Must Be It” de Röyksopp. En Fever Ray, en cambio, no hay una canción que pueda comparársele. Y si bien “This Must Be It” es una excepción por su enorme perfección, tampoco encontramos alguna que pueda ponerse en el mismo lugar que las otras 3 o 4 que canta para Röyksopp.
Los sintetizadores producen la totalidad de la música de Fever Ray. Ella canta al modo intimista y confesional, acompañada de una instrumentación barroca y cambiante, lenta y oscura desde la pieza 1 a la 10, con algunos momentos agitados.
La doble mixtura vocal Dreijer/Nordlund es comparable, con menos brillantez, al dúo Björk/Hegarty que oímos en Volta. Cecilia Nordlund ya aparece en los primeros segundos del álbum con “If I Had a Heart”, y vuelve a interpretar las canciones “Dry and Dusty” y “Concrete Walls”, ésta última sin la participación de Dreijer.
La voz de Nordlund es espectral y se entremezcla con los instrumentos, en cambio Dreijer es angular y se realza con mucha claridad por sobre el fondo melódico. “Concrete Walls” es un bonita canción, al igual que “Coconot”, la última, y la afligida “Keep the Streets Empty for Me”.
La segunda mitad de Fever Ray parece más consumada que la primera mitad, en la que encontramos un inicio falto de integridad (“If I Had a Heart” y “When I Grow Up”). Los arreglos y los ambientes selváticos o tribales, creados por un sofisticado conocimiento de los sintetizadores (equiparable al de Eno), mantienen su tensión enigmática a lo largo de todo el álbum. “Triangle Walks” y “Coconot” pueden revelar más que las otras un cierto encanto por la música africana o caribeña, aunque algo hay de ellas también en el resto de las canciones.
El camino de Karin Dreijer pude ser similar al de Elizabeth Fraser, y de hecho hay en la sueca una descendencia que empieza con la ex-Coctau Twins (y especialmente de Björk). Si así fuera esa similitud, Karin Dreijer debería renunciar a la composición y grabar su mejor música junto con otros que lideren la creación; y como ella es una excepcional cantante, quienes la acompañen deberán igualmente estar a su mismo nivel en la creación para consumar una grabación musical de realce. De lo contrario, no podremos ver desarrolladas todas las enromes posibilidades musicales que se manifiestan en la particular voz de la cantante.
Elizabeth Fraser perdió algunos años con una banda de poco talento, y el resultado son muchos discos que disfrutamos ambivalentemente. Sólo por grupos como Massive Attack y personalidades como Peter Gabriel, Liz ha sido una excepcional musa. Tampoco Antony Hegarty no puede alcanzar los niveles de Volta en su periplo solista conocido como Anthony and the Johnsons.
También Fever Ray tiene un goce ambivalente, aunque esta sentencia personal pueda no ser la última palabra al respecto.